Nuestras diferencias físicas son evidentes: el cuerpo, la fuerza, el sistema reproductor... son partes que, como hombres y mujeres, no deberían difenciarnos sino complementarnos. Esas diferencias no deberían relegar a un sexo u otro a desempeñar tal o cual función según se haya predeterminado. En el siglo XVIII, muy pocas mujeres se cuestionaban su situación: porqué ellas no hacían lo mismo que los hombres o porqué no podían ni siquiera optar por un cambio. Muchas no lo hacían por miedo, otras lo aceptaban sin rechistar. Pero ahora que es cuando tenemos más medios para conocer, evitar y corregir los errores del pasado, se EDUCA igual a las nuevas generaciones. Ese es el gran caballo de batalla: la educación.
Parece que sólo empezamos a aprender cuando tenemos uso de razón pero lo cierto es, desde que nacemos, pequeños detalles hacen que nuestro comportamiento en la edad adulta esté ya aprendido. Los juguetes: para las niñas muñecas que vestir y peinar y para los niños figuras de soldados de guerra y coches. La ropa: para las niñas el color rosa y para los niños el color azul. Las niñas, pueden llevar también el color azul pero es impensable para los niños llevar algo de color rosa. Esto es algo que está a la orden del día.
Y continúa en la adolescencia: diferentes horarios de salida, de paga, de tareas del hogar... Y eso ya sin mencionar cómo se les habla sobre el sexo: las mujeres siempre deben ser precavidas para no quedarse embarazadas y además, deben buscar al hombre adecuado para practicarlo. A los hombres solo se les habla de necesidad, placer, orgullo de practicarlo y nada sobre el amor o sobre la pareja. Únicamente deben preocuparse de no dejar embarazada a su pareja sexual. Cuando esos niños son lo suficientemente adultos, tienen tan interiorizado ese comportamiento que, automáticamente, responden tal y como se les ha enseñado, mal enseñado.
Así es como se educa a las nuevas generaciones. De nada sirve tener grandes ideas sobre cómo debe cambiar la sociedad si el día de mañana, tenemos un hijo y continuamos educándoles bajo este pensamiento. Lógicamente, depende de los padres, de los valores que estos tengan y de cómo vean ellos el mundo. Por eso no solo se trata de reeducar a las generaciones que ya existen sino a aquellas que están por venir.
Dejarles elegir, no dirigir su elección.
No más muñecas, no más coches.
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